Jordi Collell: Si ser el mejor te paraliza, sé simplemente bueno

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codell gr¿Has tenido alguna vez la tentación de abandonar una idea o un proyecto por el temor a que tú aportación no fuera la mejor de las posibles?

¿Te has sentido mal contigo mismo por la angustia de no poder llegar a todo?

Todos nos hemos enfrentado alguna vez a situaciones en las que al tener la certeza de no poder dar la mejor de las respuestas nos ha estresado, abrumado y nos ha provocado un impulso irrefrenable de salir corriendo. La incertidumbre de alcanzar el resultado óptimo puede hacernos renunciar a la mejor de las opciones.

El exceso de expectativas en la realización de un proyecto personal, profesional o empresarial tiene el mismo efecto que el exceso de información en la elección de diferentes opciones.
Cuando vamos al supermercado a comprar cualquier tipo de producto nos encontramos con decenas y hasta centenares de posibilidades para escoger algo que satisfaga nuestras necesidades y el resultado de este exceso generalmente es la insatisfacción; es lo que se describe como la paradoja de la elección, que formuló de manera magistral el psicólogo Barry Schwartz.

El temor a no saber escoger la opción óptima nos produce estrés e insatisfacción y la solución parece estar, de acuerdo con las investigaciones de Schwartz, en encontrarse cómodo con el concepto “suficientemente bueno” en lugar de perder el tiempo y sin correr el riesgo de paralizarnos buscando la decisión perfecta.

Cuando se trata de desarrollar nuevos proyectos u ofrecer nuevos servicios a los clientes sucede algo similar. Generalmente buscamos la perfección en una doble faceta: que el servicio sea el mejor y que la gestión sea absolutamente controlable de manera que, desde el principio, sepamos exactamente los resultados que vamos a obtener durante toda la vida del proyecto. Como ambas facetas están sujetas a incertidumbre, porque controlamos sólo una parte de los procesos, el resultado puede derivar en una colección de dudas que acaben paralizando y hasta abortando el proyecto, la idea o el negocio.

Para mitigar los efectos negativos de la perfección Eric Ries, creador de la filosofía Lean Startup, acuñó la idea de ‘producto mínimo viable’ con el objetivo de facilitar el aprendizaje validado por los clientes al menor coste y que Brant Cooper definió como “un producto con el mínimo de características necesarias para lograr un objetivo específico y que los clientes estén dispuestos a pagar de alguna forma con un recurso escaso”.

El producto mínimo viable tiene que ser barato, fácil de proporcionar a los clientes, que permita medir los resultados conforme se vayan produciendo y que responda a una auténtica propuesta de valor, algo que solucione algún tipo de problema a los clientes. El producto mínimo viable nos lleva desde lo bueno hasta lo mejor.

Ahora ya no tienes la posibilidad de excusarte en querer ofrecer lo óptimo y ya sabes lo que tienes que hacer cuando se te ocurra una nueva y brillante idea de negocio.

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