El viceconsejero de Empleo valora el fuerte descenso del paro en julio y destaca la fortaleza del tejido económico y la confianza de las empresas

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Nos hemos marcado dos retos: recuperar el empleo perdido por la pandemia y avanzar en su calidad.

El primero de esos retos lo estamos cumpliendo ya. En julio el paro ha bajado en 3.157 personas, lo que sitúa el número de desempleados en 119.202. Una cifra aún altísima, pero que supone una diferencia de 1.963 desde que se inició esta crisis en la que todavía estamos.

  • Conviene recordar que el pico lo alcanzamos en agosto del año pasado, con 146.450 desempleados registrados, y un acumulado de 29.211 desde que se extendió la pandemia.
  • Desde entonces a hoy, en estos once meses, hay 27.248 personas paradas menos
  • Y esto significa una recuperación del 93% de ese empleo perdido, en términos de paro registrado

Esto ha ocurrido en un mes que no tiene un comportamiento estable históricamente, hay variaciones todos los años.

  • El pasado julio el paro también descendió, justo en plena desescalada, pero lo hizo con menor intensidad, una tercera parte que ahora, unas mil personas.
  • En esta ocasión, julio ha coincidido con la expansión de una quinta ola de la pandemia que ha tenido menos gravedad pero que ha afectado a más gente.
  • Esto podría haber sido un factor que retraiga a la actividad económica y, por tanto, al empleo.
  • Sin embargo, lo que hemos visto es que el tejido productivo ha vuelto a demostrar las señales de fortaleza y la confianza.

Otro dato relevante es que hay actividades, como la industrial y la construcción, donde la situación del empleo es ya idéntica a la previa a la pandemia.

También es relevante que el paro desciende en todos los territorios, y que baja entre hombres y mujeres, pero de forma más significativa entre quienes no habían tenido antes una experiencia laboral, lo que significa que se les están presentando oportunidades, y entre los menores de 25 años. También empieza a apreciarse un descenso significativo entre las personas paradas de larga duración.

Son muchos indicadores de esperanza que no ocultan que la hostelería no ha conseguido recuperar la actividad previa a la pandemia.

Las contrataciones son un 41% menos que en julio de hace dos años, en un verano sin restricciones, y las actividades recreativas y artísticas en un 32%.

Tampoco se ha conseguido corregir la temporalidad. El acumulado de contratos indefinidos a lo largo del año es un 24% superior al del año pasado, pero siguen representando uno de cada diez, y las mujeres siguen acaparando la mayoría de los contratos parciales.

En cuanto a las personas perceptoras de la RGI, hay un leve descenso de 227 personas y el número de titulares es de 53.570, que suponen 440 menos que hace un año. En este caso la valoración se hará cuando se normalice el acoplamiento con el Ingreso Mínimo Vital para conocer con precisión si son personas que salen de un sistema para entrar en otro o ya no tienen necesidad de acogerse a este derecho.

Por tanto, Euskadi ha asentado un suelo sólido para salir de esta crisis, con una recuperación del 93% del destruido en menos de un año, aunque arrastra déficits que ya existían antes de la pandemia, como la temporalidad o la parcialidad no deseada.

La respuesta ofrecida por el tejido productivo a cada una de las olas sanitarias está siendo consistente, en un descenso del paro prácticamente continuo desde septiembre, incluso en meses que, como el verano, no suelen ser los mejores para el empleo en Euskadi.

Con la misma cautela con la que hemos valorado en este tiempo cada indicador positivo referido al empleo, ahora se suman nuevas razones.

La llegada inminente de nuevos recursos procedentes de fondos europeos debe conducir, no sólo a seguir ofreciendo oportunidades de empleo, sino a que éstas sean de calidad, inclusivas e igualitarias.

Es en eso en lo que trabaja el Gobierno vasco, como se recoge en la Estrategia Vasca de Empleo.