Pese a la insistencia del Gobierno Vasco, que reclama una mesa de trabajo internacional para evaluar una cesión temporal, el Gobierno central mantiene su negativa basada en criterios estrictamente científicos. El ministro ha reiterado que, aunque comprende la carga emocional y de memoria histórica que el cuadro representa para Euskadi, la estabilidad ambiental de su ubicación actual es la única garantía de supervivencia para la tela.
Por su parte, el PNV insiste en que los avances tecnológicos actuales permitirían un traslado seguro y lamenta la falta de «valentía política» para realizar un análisis conjunto entre instituciones. Los nacionalistas consideran que la presencia de la obra en Bilbao sería un acto de reparación simbólica necesario para el pueblo vasco, pero por ahora la respuesta sigue siendo negativa y, como se suele decir, no hay dos sin tres.






