El programa impulsado por el Departamento foral de Empleo, Cohesión Social e Igualdad se desarrolla con familias y menores que tienen vulnerabilidad individual, familiar y/o escolar detectada por sus centros educativos
El programa Sendiko de intervención psicosocial para familias en situación de alta vulnerabilidad social ha permitido atender en sus cuatro primeros cursos de actividad a 212 de estas familias, siempre en colaboración y coordinación con los centros educativos de las y los menores.
Este programa, impulsado por el Departamento Foral de Empleo, Cohesión Social e Igualdad de la Diputación de Bizkaia, busca que las personas con las que desarrolla su labor sean capaces de construir una vida relacional sana y satisfactoria, fortaleciendo su vínculo, superando situaciones de alta vulnerabilidad social y mejorando la convivencia en su familia y su capacitación parental.
El programa inició su actividad en el curso 2022-23 en cuatro centros de primaria y al año siguiente (2023-24) se sumó otro de secundaria. El tercer curso, 2024-25, fueron nueve centros y el último, el 2025-26 recién finalizado, han sido ocho los centros participantes. En cuanto al número de familias, también han ido en aumento, con 62 en este último curso y un sumatorio total para los cuatro años de 212 familias.
A través de Sendiko, se realizan procesos de intervención psicosocial, diagnóstico y tratamiento individual y/o grupal y familiar-relacional con las familias, junto con el acompañamiento, supervisión o formación a personas profesionales (profesorado y escuela) que las acompañan desde la clave social o educativa. Todo siempre en coordinación con los servicios sociales y red informal de apoyo de la propia comunidad.
Sendiko se concibe, por tanto, como un programa psicosocial en complementariedad y coordinación con otras entidades y recursos sociales, que pretende trabajar desde el esquema familia-escuela-comunidad.
La Teniente de Diputada General y Diputada Foral de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, Teresa Laespada, valora muy positivamente este programa, cuyo “éxito es el fruto de la colaboración entre familias, centro educativo y ayuda técnica de Diputación”.
“Las personas destinatarias del programa son familias y menores que proponen sus propios centros educativos, en quienes se observan factores de riesgo individuales, familiares y/o escolares”, ha añadido.
Objetivos específicos
Con respecto a las familias y las figuras parentales, el despliegue del programa Sendiko persigue que los padres y las madres mejoren en sus habilidades parentales y de crianza para con las/los menore, fortalezcan de los vínculos familiares y los bienes relacionales (se expresan en términos de escucha, reconocimiento, respeto, confianza, protección, afecto, cuidado, seguridad, compañía, gratuidad, reciprocidad…), mejoren en la construcción de espacios vinculares seguros y protectores para los/las menores, en el abordaje de las necesidades afectivas y emocionales de la familia, y que las propias familias mejoren sus redes de apoyo social en la comunidad.
Con respecto al profesorado, la comunidad educativa y el sistema de Servicios Sociales, pretende que los equipos profesionales del ámbito educativo adquieran herramientas para comprender y mejorar la atención a las necesidades emocionales y vinculares del alumnado; que la comunidad educativa y el sistema de servicios sociales puedan experimentar respuestas integradas (itinerarios de atención compartidos) para mejorar las aptitudes y destrezas en sus intervenciones con las/los menores y sus familias; y que los y las interventores e interventoras introduzcan la perspectiva de género en la intervención con familias, detectando y abordando las situaciones de desventaja e inferiorización de lo femenino que puedan existir, así como los estereotipos de género.
Evaluación del programa
La intervención desde los centros educativos se realiza de forma estructurada y con la periodicidad semanal determinada por el programa, destinándose un total de 9 horas semanales por centro.
De entre las necesidades detectadas por éstos destacan, por un lado, el requerimiento de ser acompañados en la atención y seguimiento de situaciones familiares complejas, y el asesoramiento y apoyo ante situaciones de dificultad con las personas menores en el aula, por otro. Para poder acompañar estas necesidades, se han destinado las horas adscritas a cada centro a coordinación con el equipo directivo y el profesorado, y se ha valorado con cada centro la realización una formación vinculada a las necesidades detectadas en cada uno de ellos.
La figura de una persona profesional que, desde la valoración psicosocial de las familias, les ayude a acercarse y ponerse en conexión con los servicios comunitarios de apoyo resulta de gran ayuda para las mismas, ante la dificultad detectada de estas familias en situación de alta vulnerabilidad para adherirse a los recursos de ayuda y protección de la comunidad.
En el tiempo que lleva desarrollándose el programa, se ha realizado un rastreo y construcción de un mapa de recursos de cada municipio y se ha realizado contacto y coordinación con los Servicios Sociales, recursos municipales de atención a infancia y familia, recursos de intervención con familias de entidades de la comunidad, servicios de ayuda y apoyo a mujeres, y otros servicios específicos de cada municipio
Los recursos comunitarios han aceptado y valorado muy positivamente el programa, estableciendo canales protocolizados y estructurados para la articulación de las derivaciones.






