Vende su espalda a un coleccionista de arte por 160.000 dólares

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_93919544_tatu Tim Steiner ya no es dueño de su espalda, siendo más concretos, ya no es dueño de la piel que cubre su espalda; esa extensa parte de su cuerpo pertenece ahora a un coleccionista alemán que la ha comprado por 160.000 dólares.

Cuando Steiner pase a mejor vida, la piel de su espalda no será enterrada con él, se separará de su cadáver y se pondrá en un marco, para formar parte de la colección privada de este alemán amante del arte.

«La pieza de arte está en mi espalda, yo solo soy la persona que la lleva», dice este hombre de 40 años.

Y esa obra de arte es un tatuaje del artista belga llamado Wim Delvoye, famoso por su costumbre de tatuar cerdos. No nos referimos a Steiner, si no a “gorrinos” de verdad a los que este hombre, sin preguntarles nada, les coloca unos enormes tatoos.

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Lo de tatuar la espalda de Steiner fue un capricho, por eso de cambiar de lienzo.

El diseño que cubre esta espalda y que tardó en tatuarse más de 40 horas, dibuja a virgen que sobre la cabeza tiene una “catrina” o calavera mexicana, con rayos de luz alrededor. Tiene golondrinas que vuelan alrededor, además de rosas rojas y azules.
En la parte baja hay dos peces al estilo chino que nadan entre flores de loto con un par de niños. La firma del artista está a la derecha.

El trabajo se llama TIM y le gustó a un coleccionista alemán, Rik Reinking, que ha querido asegurarse de que permanezca en el tiempo. Para ello ha pagado 160.000 a su portador – de momento solo una tercera parte – a condición de que cuando Steiner muera, la piel de su espalda será enmarcada permanentemente para ser expuesta en su colección personal.

Según otro de los puntos del contrato, Steiner debe exhibir el tatuaje en una galería al menos tres veces al año. Y eso es lo que hace, además de recorrer otras exposiciones constantemente.

Su primera exposición tuvo lugar en Zúrich, en 2006, cuando el tatuaje no había sido terminado. El año pasado se cumplió el décimo aniversario de esa ocasión, justamente cuando estaba a medio camino de la presentación más larga en la que ha participado hasta el momento: un año completo en el Museo Mona de Tasmania.

Así Steiner pasa sus días por y para su espalda; mientras esté vivo, mostrándola de exposición en exposición y cuando muera…

Al menos nos consuela saber que a los muertos no debe dolerse eso de que los despellejen.