La accesibilidad y las sillas salvaescaleras

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La accesibilidad es un problema que todavía no se ha resuelto en todos los casos. En el ámbito tecnológico, este concepto se refiere a las acciones que se llevan a cabo para hacer que la informática, los programas o las aplicaciones, por ejemplo, puedan ser utilizados por personas con diversidad funcional.

Es decir, personas ciegas, sordas o con algún problema de movilidad. Ejemplo de accesibilidad informática seria un tamaño de letra más grande o recursos de audición de comandos de un programa específico para personas sin audición. Otro ejemplo, relacionado con la cultura, serían los libros en braile o los audiolibros, obligatorios en cualquier biblioteca.

Sin embargo, la accesibilidad no se reduce al ámbito de las NTIC o las nuevas tecnologías de la información y la telecomunicación. La movilidad en el transporte público, por ejemplo, es un tipo de accesibilidad pública común. El transporte público debería incluir siempre una rampa para que las personas en silla de ruedas puedan subir, y normalmente hay un espacio de cierta amplitud habilitado para que dichas personas puedan ir a buen recaudo con cinturón de seguridad y tener un viaje cómodo. De hecho, las rampas son indispensables también en la entrada de cualquier edificio público, tal y como establecen numerosas normativas de accesibilidad y de seguridad.

No obstante, la accesibilidad, un concepto que a estas alturas sabemos que es muy importante para cualquier persona con diversidad funcional, empieza en el hogar. Es decir, no solo debería haber rampas habilitadas en las entradas de cualquier edificio de viviendas, sino también sillas salvaescaleras para facilitar la subida a los distintos pisos. Por supuesto, también debe haber ascensor, y a menudo un elevador lo bastante amplio también solventa el problema de vivir en un piso alto yendo en silla de ruedas. Pero este tipo de sillas son, en ciertos tipos de vivienda, imprescindibles, y por eso su uso debería estar mucho más extendido.

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Por ejemplo, en los chalets o en las casas de dos o más plantas. La mayoría de la gente vive en un piso y por eso no solemos tener en cuenta que otra gente dispone de escaleras en su propio hogar. La instalación de una silla de movilidad en vertical debería, de hecho, ser gratuita o estar cubierta por servicios públicos, puesto que la accesibilidad no debería ser en ningún caso un privilegio solo para personas ricas. Es nuestra responsabilidad como sociedad hacerlo posible.